Posteado por: borderpress | mayo 26, 2010

Muro

Rodolfo Guajardo González

El Paso, Texas-  “Estados Unidos está luchando frente a una crisis de identidad. Parte de esto es el resultado de lo que llamo ‘el culto al multiculturalismo’. La idea de que no hay nada –nada- de valor en la Civilización Occidental, que no tenemos nada que ofrecer al mundo, que no tenemos nada que ofrecer como una sociedad viable, que todo lo que tenemos es malo y feo… si realmente nos encontramos en un choque de civilizaciones.. que es lo que yo creo, entonces es importante para nosotros saber quiénes somos”, manifestó  Tom Tancredo, presidente del Comité para la Reforma Migratoria de la Cámara de Representantes, luego de leer una reseña publicada en el periódico The Denver Post sobre un estudiante indocumentado que había logrado alcanzar un promedio de 3.9, señala una editorial de The New Republic.

Tancredo, uno de los legisladores más activos en contra de la inmigración ilegal, ha generado polémica por su discurso ‘duro’ y es acusado por sus opositores de ser un político racista.  En tanto, sus seguidores aseguran que Tancredo representa a la ‘silenciosa mayoría’ de norteamericanos que desea que las leyes existentes de este país sean defendidas, indica la editorial.

De acuerdo a informes de medios de comunicación de la ciudad de Denver, Tancredo ha ubicado a familias de inmigrantes para que luego sean deportadas éstas a sus lugares de origen, como fue el caso de un estudiante indocumentado con promedio excelente que intentaba ingresar a la Universidad de Colorado en Boulder.

Sin embargo, pese a la ola de críticas en su contra, este pasado viernes  Tancredo celebró el triunfo de su proyecto de ley en la Cámara de Representantes, iniciativa que en caso de ser aprobada por el senado y  el presidente, endurecería las medidas de seguridad fronteriza y daría ‘luz verde’ a la construcción de muros a lo largo de la línea divisoria con México.

“Hoy saboreamos nuestra victoria, pero mañana  debemos comenzar a luchar  para asegurar que nuestra victoria se convierta en una realidad”, manifestó Tancredo este pasado viernes a través de un comunicado de prensa.

El legislador comparó la aprobación de su proyecto de ley con una pelea de box a tres rounds. “ Si bien este ha sido un buen round, aún no hemos lanzado el golpe de knock-out”, advirtió.

El Paso,Texas- Ya pasa de mediodía. Es domingo. La mayoría de los vecinos de esta colonia ubicada al surponiente de Ciudad Juárez está descansando. Del interior de las casas, se alcanzan a escuchar los gritos desesperados de aficionados al fútbol soccer, mezclados con las voces de cronistas deportivos de televisión. ¡Tamales, tamales, son de rojo, son de verde!, son de dulce, tamales, tamales!, invita la voz grabada de una niña, que sale de la bocina que se encuentra encima de la parte delantera de un pequeño auto color azul, de carrocería maltratada, que va pasando por ahí.

El ocio de los vecinos es aprovechado por Beto, como lo conoce la gente del barrio, quien acompañado de su hijo, va de casa en casa, ofreciendo sus servicios en reparaciones domésticas, limpieza de patios, de banquetas, de calles, lavado de automóviles o poda de árboles, para poder llevarles algo de comer a su esposa e hijos.

Después de haber tocado varias puertas sin éxito, detiene su marcha. Va a podar los árboles moros que se encuentran al frente de una vivienda. Pone a un lado la cubeta y los trapos que siempre lleva consigo, y toma el serrucho, las tijeras y escalera que necesita para la poda.

Cuidadosamente, con los dedos de su mano izquierda, comienza a medir el punto exacto donde debe podar. Toma el serrucho con su mano derecha y corta la primera rama innecesaria del árbol. Cuando cae la rama, Beto entrecierra sus ojos y se acerca al árbol. Comprueba que hizo bien el corte.

- ¿Daddy, aquí está bien la escalera?

-¡Sí, ahí está bien!, le responde Beto a Manuel, su hijo.

Y así, entre diálogos conmovedores padre-hijo, ladridos de perros, y propaganda callejera de platillos mexicanos, Beto realiza la poda como si toda la vida se hubiera dedicado a la jardinería.

Nunca se podarán ramas rescatables o en buen estado de salud, sólo se quitarán aquellas que estén enfermas o sean innecesarias y le estén impidiendo crecer al árbol.

Y cuando la poda se haga con fines decorativos, ésta se hará con mucho cuidado, dicen los expertos en jardinería.

Desde 1996, las autoridades migratorias de los Estados Unidos han venido realizando una poda social implacable, mediante la deportación de todos aquellos residentes legales de origen extranjero que han cometido delitos que van desde los más graves hasta pequeñas faltas como ser sorprendido realizando necesidades fisiológicas en la vía pública.

A través de la Ley de Responsabilidad de Inmigrantes y Reforma a la inmigración Ilegal -illegal Immigration Reform and Immigrant Responsibility Act of 1996- (IIRIRA, por su nombre y siglas en inglés), de 1996 a 2004, ya se habían deportado a sus países de origen a más de un 1.5 millones de residentes legales que tenían años viviendo en los Estados Unidos. 

La ley IIRIRA, al tiempo que ha expulsado a millones de personas de la Unión Americana para que no contribuyan a que los índices nacionales de delincuencia se eleven, ha cortado los lazos afectivos de un gran número de familias, ya que los hijos, esposa o esposo del deportado, muy pocas veces deciden irse de EU, pues cambiarían radicalmente su estilo de vida, así que prefieren quedarse, sacrificando así la unión familiar.

De los más de 40 millones de personas que nacieron fuera de los Estados Unidos y viven aquí (según datos oficiales de la Oficina del Censo de los EU), entre residentes y ciudadanos norteamericanos naturalizados, poco más de 12 millones son residentes legales, mismos que podrían ser alcanzados, en cualquier momento, por el brazo de la citada ley.

Después de vivir por más de 26 años como residente legal en los Estados Unidos, estar casado con una ciudadana norteamericana, tener hijos nacidos en este país, casa propia, un trabajo bien remunerado en una lechería y un historial de crédito satisfactorio, José Roberto Santillán Soto, fue deportado a México luego de haberse declarado culpable por un delito que no cometió por temor a perder a su familia.

En marzo de 2003, una llamada anónima falsa que reportó violencia doméstica en su casa, en Hagerman, Nuevo México, fue lo que dio inició al proceso de expulsión migratoria de Santillán Soto.

El recuerdo de aquel día en que acudió la policía a su hogar, sigue vivo como una herida que se niega a cicatrizar en la memoria de José Roberto, April Marie, su esposa, y sus hijos, quienes no están dispuestos a regresar a los Estados Unidos.

“Hubo una persona, que habló a la policía, que porque había un pleito doméstico y no era cierto”, asegura Santillán Soto.

April Marie relata que aquel día sus hijos ya estaban acostados, y que ella aún se encontraba despierta porque estaba lavando ropa, mientras que José Roberto estaba en su cuarto, descansando.

Tras avisarle a José Roberto que iba a salir afuera a vaciar la máquina secadora para poner más ropa a secar, en cuestión de segundos, al abrir la puerta, April Marie se sorprende al encontrarse de frente, con policías, agrega April Marie.

Los oficiales le preguntaron a April Marie si alguno de ellos, había llamado a la policía, reportando violencia doméstica, y cuando les informó que nadie había realizado dicho reporte, le pidieron su identificación.

Acto seguido, cuando April Marie va a buscar su identificación, sin orden de arresto ni consentimiento verbal, los policías entran a su casa, armados con rifles, y arrestan a Beto, acusándolo de delitos que no cometió.

Cuando era trasladado a las oficinas de la policía, a Beto, le decía uno de los oficiales, de origen anglosajón, que finalmente lo había atrapado, que lo iba a deportar, ya que no lo quería en el pueblo por ser mexicano.

Ya estando detenido, temiendo que algo malo le fuera ocurrir a su esposa e hijos, José Roberto Santillán, se declara culpable de los delitos de violencia doméstica, y venta de drogas a menores de edad.

Tres horas después de estar encerrado, sale libre, luego de que su esposa, deposita una fianza de 5 mil dólares, suma que logra reunir con muchos sacrificios al empeñar objetos de valor.

Para principios de noviembre de 2003,  cuando Santillán Soto se presenta por primera vez en la oficina de libertad condicional de Hagerman, Nuevo México, le informan que, por alguna razón, su expediente aún no está terminado, la segunda vez que acude al lugar, sucede lo mismo, y la tercera ocasión que llega ahí, ya lo están esperando elementos de la Patrulla Fronteriza, quienes lo llevan hasta su casa para que se despida de esposa e hijos, y luego lo trasladan hasta El Paso, Texas.

Con la boca llena de impotencia y desilusión, April Marie recuerda que aquel día que la Patrulla Fronteriza llevó a Beto a la casa para que se despidiera de ellos, sólo su hija más pequeña, Stacey, se encontraba en casa, ya que Jo Ann y Manuel, estaban en la escuela.

Agrega que no podía creer la injusticia por la que estaban pasando, que le dolía mucho esa separación por los niños, aunque aclara que siempre supo que volverían a estar juntos, por lo que se siente muy afortunada.

“Oh, sí, me siento muy afortunada, no hay muchos casos de mexicanos deportados cuyas esposas o esposos los sigan, ya que los que se quedan en EU, continúan su vida como si nada hubiera ocurrido, tengo a mis hijos, tengo a mi esposo, y estamos felices, desde luego que es muy difícil la vida en México, sufrimos económicamente, pero estamos juntos, y eso es todo lo que me importa, no me interesa que tan crítica se torne la situación”, no lo voy a dejar, no lo voy a dejar”, afirma April Marie entre sollozos.

A 10 años de que entrara en vigor la ley IIRIRA, no existen estadísticas precisas sobre el tipo de delitos que cometen con mayor y menor frecuencia los residentes legales que han sido deportados de los Estados Unidos, ya que las autoridades clasifican a todos los expulsados como “delincuentes extranjeros”, provocando esto un vacío de información tanto en la ciudadanía como en aquellos legisladores que están considerando llevar a cabo reformas al sistema migratorio estadounidense.

De acuerdo con IIRIRA, aquellos residentes legales que cometieron algún delito que los condujo a recibir sentencias de un año o más en prisión, luego de purgar sus condenas, son expulsados del país, sin tener derecho a solicitar audiencia ante un juez migratorio.

Lo anterior ha sido observado por algunos estados del país, como una luz amarilla, y no como una luz verde para aplicar sentencias de un año o más, a residentes legales, por lo que algunos jueces estatales dan condenas de 11 meses y 29 días, con la finalidad de que estas personas no sean expulsadas de los Estados Unidos.

Por ejemplo, con una votación de 7-2, la Suprema Corte de Georgia, concluyó que las condenas de un año o más, pueden ser reducidas por los jueces a 11 meses y 29 días, para alejar así al fantasma de la deportación de las vidas de los residentes legales.

IIRIRA no tan sólo ha cambiado la vida de decenas de miles de personas que tuvieron que renunciar a casas, negocios, familias, sino también el rostro de las comunidades estadounidenses: la ley está rasgando su piel, como nunca antes.

José Roberto, April Marie, Jo Ann, Manuel y Stacey, siguen juntos, son una familia, con la carga de la deportación y auto-aislamiento por preservar los lazos afectivos, que lucha por vivir día a día en otro país.        

-¿Siente que perdió el Sueño Americano?

En realidad ya no me importa, después de que a él (Beto) lo trataron como un animal que tenían que sacar de las calles, no quiero regresar a los Estados Unidos, responde April Marie.

El Paso, Texas-  En 1865, casi un siglo después de que se llevara a cabo la Declaración de Independencia de este país, un grupo de intelectuales franceses, entre éstos el escultor Frederic-Auguste Bartholdi, críticos implacables del gobierno de Napoleón III, tomando en cuenta la rapidez con la cual esta  nación había implementado un gobierno democrático capaz de provocar cambios sociales tan drásticos como la abolición de la esclavitud, durante una cena coinciden en que los vínculos históricos de amistad y amor por la libertad que comparten ambos países debían quedar plasmados en un símbolo perpetuo, uno que lograra despertar y mantener viva la sed de libertad de cualquier ser humano en la tierra, sin importar su raza, color de piel, lengua o religión.

Edouard Rene Lefebvre de Laboulaye, anfitrión de aquella cena, haciendo uso de su capacidad intelectual y sus dotes de líder y siendo una de las voces más importantes de  los ‘liberales’, quienes, a su vez, luchaban por establecer un gobierno republicano francés apoyándose en la Constitución de nuestro país, les preguntó a sus invitados: “¿no sería maravilloso si el pueblo francés le regalara a Estados Unidos un gran monumento como una conmemoración duradera a la independencia y con el cual se mostrara que el gobierno francés también estuvo consagrado a la idea de la libertad de la humanidad?”.

Y, es que para los franceses la desaparición de la esclavitud en Estados Unidos fue un evento de suma importancia: para ellos significó no sólo un triunfo para el presidente Abraham Lincoln y los estados que estaban en contra de la compra y venta de personas originarias de África, sino también la realización del anhelado sueño de Thomas Jefferson, uno de los principales redactores de la declaración de independencia, quien se vio obligado a  aceptar (debido a la férrea oposición de los representantes de  Carolina del Sur y Georgia, entre otros) que se mutilara el documento original que escribió, ya que en éste existía un pasaje, (la cuarta parte del total del escrito), donde hacía responsable al rey británico Jorge III de la crueldad que se ejercía en el comercio de esclavos.

Las palabras que Laboulaye pronunció en aquella cena nunca fueron olvidadas por Bartholdi, por el contrario, con el paso del tiempo, éstas pasaron a ser la leña que mantuvo encendida su pasión por la libertad. Años después de la citada reunión, el joven escultor dijo: “La idea de Laboulaye me interesó de manera tan profunda que ésta se quedo fija en mi memoria”.

Veinte años después de esa histórica cena, a bordo de la fragata francesa  “Isere”, llega la Estatua de la Libertad desmantelada en  350 piezas que fueron acomodadas en 214 cajas, al país que logra independizarse de Inglaterra gracias a distintos fenómenos sociales y económicos que fueron presentándose dentro y fuera del país.

De estos eventos, el de mayor importancia, el que se convierte en el detonante para que los primeros habitantes de esta nación cuestionaran, de manera abierta, las actividades de la Corona británica sobre las colonias inglesas, es la enorme expansión económica que comienza a registrarse en su territorio.

Ese auge económico se había iniciado mucho tiempo atrás y había sido, de alguna manera, el primer capítulo de su historia: La llegada de esclavos procedentes de África, pasa a ser el primer movimiento migratorio, aunque forzado, hacia este país, que construye las primeras bases para el desarrollo industrial y financiero.

Con el paso del tiempo, los inmigrantes (los documentados e indocumentados) se transforman en uno de los engranes más poderosos del motor económico estadounidense, equipado con miles de caballos de fuerza, capaz de llevar a este país a la cima que nunca pudieron alcanzar los imperios de la antigüedad.

Lamentablemente, pese a todos los beneficios que el fenómeno migratorio ha brindado a la economía de EU, existen grupos políticos que desean conducir a este país contracorriente: anhelan fervientemente que se apruebe, ahora en el Senado, un proyecto de ley que tiene contemplado, entre otras cosas, colocar cercas de concreto sobre la zona fronteriza con México.

El flujo continuo de inmigrantes tendrá un papel crucial en el futuro crecimiento económico de los Estados Unidos, indica un estudio reciente de Immigration Policy Center (IPC, por sus siglas en inglés).

“Al tiempo que la mano de obra anglosajona envejece y cuenta con un mayor nivel educativo, se crean huecos en nuestro sector productivo para esos empleos donde se requiere de trabajadores más jóvenes y con un nivel educativo menor”, afirma Benjamín Johnson, director de IPC.

Johnson asegura que la tendencia hacia una mano de obra con educación no es algo que se quiera contradecir, sin embargo, claramente plantea un desafío para una economía que sigue registrando un crecimiento significativo en empleos donde se necesitan trabajadores con muy poca educación o entrenamiento.

Según datos de la Agencia Federal del Trabajo (Bureau of Labor), la mayor parte de las 58 industrias del sector de servicios comenzaron a registrar un crecimiento en la creación de empleos en los que se requiere mínimo entrenamiento o educación a un ritmo superior al índice promedio desde el año 2002, fenómeno que se prolongará hasta el 2012.

A decir de la agencia mencionada, la creación de empleos en el área de servicios, en oficinas de médicos, restaurantes, así como en el sector de la construcción será de aproximadamente 5.3 millones de nuevas plazas, es decir una cuarta parte de los puestos de trabajo que se calcula que se agregarán a la economía para el 2012.  

El estudio de IPC, instituto independiente dedicado a la investigación y análisis de los beneficios que han brindado los inmigrantes al país, señala que los actuales índices de inmigración son consistentes con las estimaciones de Bureau of Labor en cuanto a la cifra promedio de arribos de inmigrantes que se necesitan para crear una mano de obra de cerca 162 millones de trabajadores para el año 2012.

Por otra parte, se cuenta actualmente con otras investigaciones que afirman que más de la mitad de las personas que emigran a este país lo hacen excluyendo el sistema migratorio estadounidense, es decir, sin documentos. 

Se calcula que debido a la falta de reformas coherentes en la ley migratoria federal, el número de  inmigrantes indocumentados equivaldrá a un 12 por ciento de la mano de obra total disponible en el país, (uno de cada ocho nuevos trabajadores que se integren a la fuerza laboral de EU), y esto seguirá ocurriendo hasta el 2012.

De acuerdo al análisis de IPC, uno de las funciones más importantes del sistema de inmigración es llenar los huecos que son provocados por la diferencia que existe entre la oferta de empleo anglosajona y la demanda interna de empleo.

“Están llegando los inmigrantes que necesitamos, pero muchos lo están haciendo fuera del sistema migratorio estadounidense. La gran oleada de inmigrantes indocumentados es el pronosticable resultado de una política migratoria que está en desacuerdo con las realidades económicas de hoy en día. Lo que estamos viendo es una lucha entre la economía y la política migratoria, y la economía está ganando. Hasta que nuestro sistema migratorio este mejor equipado para responder a la necesidad de contar con esos trabajadores, la inmigración de indocumentados continuará siendo un problema”, puntualiza el documento.

El problema principal con la política migratoria de este país es que maneja el fenómeno de la migración como si fuese un cáncer social que se debe reprimir mediante acciones unilaterales de procuración de justicia, en lugar de abordarlo como una consecuencia natural de la expansión de los mercados y la integración económica, menciona el estudio.

“El asunto de la inmigración debe ser manejado para el beneficio mutuo de los socios comerciales. Al emigrar en respuesta a los cambios económicos en su país, los inmigrantes no tienen la intención de permanecer en el exterior por el resto de sus vidas. Algunos lo hacen, por supuesto, pero la mayoría preferiría regresar a su patria ya que están saliendo de su país no para incrementar su ingreso, sino para salir victoriosos de las fallas del mercado en sus lugares de origen. Emigran como un instrumento para poder superar los inexistentes e inoperantes mercados que con frecuencia se pueden observar en la marcha del desarrollo económico de un país. El dinero que ganan fuera de su patria es repatriado mediante envíos de dinero y ahorros; aproximadamente 20 mil millones de dólares al año llegan a México por esa vía”, asegura la investigación.

El análisis de IPC concluye que las políticas represivas de vigilancia fronteriza que se lleguen a implementar en la línea divisoria con México simplemente dificultarán que esos inmigrantes indocumentados logren su anhelo de regresar a su patria.

La propuesta por parte de la Cámara de Representantes para que se construya un muro a lo largo de la frontera con México es contradictoria e ignorante.  Siglos atrás, se construyó un muro en la ciudad de Nueva York, precisamente en la zona que hoy en día se le conoce como Wall Street, con la finalidad de no dejar escapar a aquellos primeros inmigrantes (los esclavos originarios de África), que contribuyeron a la expansión económica de este país, a final de cuentas. Fueron esos inmigrantes quienes lograron pintar, con el sudor de su frente, sangre y lágrimas, los primeros trazos del rostro de EU, el cual cada inmigrante de hoy en día, inspirado en la Estatua de la Libertad, al llegar a este país, lucha por reinventarlo una y otra vez. Y es ese inmigrante el que también no deja de vivir, sufrir y pelear para poder alcanzar el anhelado sueño americano. 

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